Estos días he tenido una buena oportunidad de acompañar a uno de nuestros clientes en una ronda para levantar capital para financiar la siguiente etapa de crecimiento

El road show ha sido con algunos inversionistas privados, instituciones financieras líderes nacionales y con un reconocido fonde de inversión internacional

Aparte de un nutrido aprendizaje personal (no son estos mis dominios), he podido constatar el gran valor que tiene una “buena historia” en el mundo de los negocios.

 

¿Y a qué me refiero aquí con una buena historia?

A una narrativa sobre la compañía (proyecto, iniciativa en la que se invita a invertir) que genera seducción, que aún y cuando está en una industria conocida y haciendo lo mismo que otros competidores (que seguramente ya se han acercado a presentar la suya) llama la atención, genera hasta una suerte de admiración y, lo más importante, confianza en sus estimaciones de resultados futuros

Algunos componentes fundamentales que identifico (válidos para cualquier narrativa), son:

  • Una reconstrucción de la historia de la compañía que rescata los aciertos y errores (años buenos y malos que es lo usual en los negocios) en su etapa de desarrollo
  • Una declaración de los valores que profesa la compañía y las lecciones aprendidas en el camino hasta forjar el presente operacional
  • Una declaración sobre el aprendizaje y transformación de la compañía para enfrentar su nueva etapa de crecimiento (tanto en las reglas y estándares de operación como en los giros estratégicos)
  • Un estado de ánimo de convicción y ambición por lo que se está haciendo (y en ese momento presentando), que emerge al poner ejemplos y fundamentos de la acción
  • Un equipo de management que tiene la experiencia y capacidad para hacer realidad lo que ahí se está proponiendo (prometiendo) y un líder comprometido y emocionado con ese futuro para su compañía
  • Una promesa sin un salto cuántico respecto a los logros del pasado, consistente con las capacidades acumuladas y posible con la transformación
  • Y por último, para que lo demás opere está el creerse la historia para no tener que contarla, sino “compartir lo que se está viviendo”

Un buen ejercicio para todas las empresas el articular su historia, al final de cuentas tanto como los inversionistas, muy interesados en escucharla están también los clientes y los propios empleados, entre otros